Proclama a favor de los niños:


(Helmut von Kügelgen)
Niñez hoy

Entre nosotros vive un pueblo, repartido por la Tierra, en todas las zonas y condiciones climáticas imaginables, que no puede expresar su mensaje, pero que se entiende sin palabras, sin traductor, en su actividad, en su juego: el pueblo de los niños. 

Fe, amor y esperanza de todos los hombres renacen cada vez que un niño hace su aparición en el mundo. Pero ellos, en pocos años dejan atrás los niveles de conciencia de la infancia, el país de la niñez, y se sumergen en las limitaciones que les imponen las condiciones sociales y nacionales que los rodean.

Los niños no luchan por sus derechos, por su ámbito de vida. Aparecen entre nosotros con una confianza capaz de renovarse a cada instante y con una enorme sed de amor; presuponen que nosotros, los adultos, somos sabios y buenos, y que poseemos aquello que, en realidad, recién frente al niño aprendemos: el altruismo. 

El hombre ha olvidado su misión en la Tierra y pasó a saquearla; muestra de ellos es la postura que adopta frente a los tesoros de la Tierra y a sus habitantes. El egoísmo, la ambición, la carrera hacia el éxito, rigen la vida del trabajo, han convertido las casas en corrales, las ciudades en sistemas enemigos de la niñez que no ofrecen espacio vital, en los que jugar sólo es posible en rincones y ghettos. El automóvil y la televisión, la contaminación de los elementos aire, agua y tierra, la industria del turismo, todo esto nos parece tan necesario, tan de avanzada y sin embargo envuelve la vida de los niños física, anímica y espiritualmente en una nube venenosa. 

Contra nadie en el siglo XX se ha actuado con una tan generalizada falta de respeto, tan cruelmente, con tanta falta de comprensión, a pesar de la buena voluntad, como contra los niños. Todo esto sucedió a fin de cuentas por ver en el niño nada más que el adulto en ciernes, aún improductivo, necesitado de ser instruido y preparado para una existencia útil.

Entrar en la vida significa dejar atrás la niñez y la juventud temprana, para emprender un oficio e integrarse a la vida económica Pero los oficios, las profesiones se están alejando cada vez más de lo humano, de la vida. El desprecio de la condición de ama de casa y del trabajo de una madre como “no empleada”, a pesar de que realiza una tarea exigente - quizás el oficio de mayor responsabilidad, pero “meramente” humano – es una primera muestra de que se olvida o no se percibe quienes son estos seres niños que viven entre nosotros.

Podemos recurrir a una frase de Novalis: el niño aprende a ser humano sólo del ser humano. Creo que ha llegado el momento de dar vuelta esta sentencia: ¡el adulto sólo aprende a ser humano frente al niño! 

Si observáramos más despiertos a los niños y con más dedicación, nos embargaría profundo respeto y veneración frente a un mundo desde el cual viene un ser para encarnarse, para concretar lo que ha venido a hacer, para tomar entre sus manos las riendas de su destino. Responderíamos a su confianza con dedicación desinteresada, su sed de amor con disposición al sacrificio, su ansia de aprendizaje con auto-educación y búsqueda espiritual. Podríamos notar cómo se impregna en la próxima generación nuestra forma de comportarnos de ser humano a ser humano, nuestra capacidad de agradecimiento y la conciencia con la que damos forma a nuestras vidas.

La imitación abnegada que le es tan natural al niño, las serenas fuerzas que lo impulsan a estar activo, a jugar, a recrear todo lo que ve, nos desafiarían a ejercitar nuestra voluntad y nuestro compromiso en el trabajo y la ejercitación interior, en el amor a la actividad artística.

Reflexionaríamos seriamente sobre el ritmo de vida, las fiestas del año, los domingos y feriados y nos plantearíamos cómo recuperar una relación con la naturaleza y el mundo estelar imbuido de espíritu, cómo devolver el sentido a las fiestas y los feriados, qué significan el culto religioso, las oraciones en la mesa, a la noche; qué significa una vida que conoce el ocio y a la que recreación no le significa olvidarse de todo sino una ocupación con los “otros” valores de lo humano.

Nuestras ciudades, nuestra vida de familia, nuestra actitud social y de servicio adoptaría un aspecto muy distinto si realmente quisiéramos hacer justicia a los niños imitadores, si estuviéramos dispuestos a aprender de ellos y con ellos. Una nueva cultura, una psicología llena de alma, una economía transformada, un trato distinto frente a la droga y las pantallas surgiría si estuviéramos dispuestos a aprender del pueblo de los niños y a convivir con él.

Nadie nos impide mantenernos jóvenes en lo espiritual, acrecentar nuestras riquezas anímicas durante toda la vida, comprender al cuerpo como instrumento del alma. ¡Los niños necesitan que seamos humanos! Indudablemente hay muchas cosas excelentes y benéficas que se piensan, se dicen y se hacen. Pero lo necesario recién sucederá cuando el hombre individual se comprometa a oír el llamado de  cambio de conciencia: “¡Aprende con el niño a ser humano, con él, el mundo espiritual se te ha acercado!” Pon en práctica en lo pequeño y cotidiano, en comunidad con otros, el actuar desde impulsos espirituales en esta hora micaélico-apocalíptica.

Karina la mamá de Fran

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Un rincón de música con instrumentos variados: guitarras, armónicas, flautas, maracas, cascabeles, cuernos, triángulos, xylofones, panderetas, entre otros.








Tenemos un espacio dedicado a rompecabezas, juegos de encastre, letras, autos















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