EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA…
…O por lo menos intentar acercarme a dicho origen sobre este tema tan presente hoy en nuestra sociedad y que me preocupa y ocupa muchísimo.
Se habla mucho sobre violencia: publicidad, noticias, hasta congresos y charlas de qué hacer con la violencia que se despierta en los niños y jóvenes en las escuelas y ni hablar de la violencia a diario que vivimos los adultos en el mundo.
Quiero decirles, queridos lectores, que el trabajo con la violencia empieza por casa y por nosotros mismos.
En esta sencilla nota, sólo dejaré una semilla para seguir cultivando y creciendo.
Les propongo empezar con la pregunta: “¿Cuándo nos enojamos?”, ¿qué situaciones nos generan enojo?
Hay tres cosas básicas que nos generan mucho enojo (por supuesto habrá otras más, sin dudas):
1- El no reconocimiento de mi necesidad básica, original.
2- La falta de coherencia, la falta de veracidad
3- El doble discurso o el discurso sin sentido.
1- Les doy un ejemplo muy básico entre adultos. Vamos conduciendo en nuestro auto y otro auto se nos adelanta, nos encierra y cruza en rojo. Situación que seguramente nos enoja o da impotencia.
Detrás de ese sentimiento podríamos sentir, esa persona no me registró, no registra a otros, no fue cuidadosa conmigo, hizo de cuenta que no estaba, en el fondo “no existo”. No hay registro de la necesidad del cuidado básico del otro como tampoco de sí mismo.
Llevado esto a un niño, sería el siguiente ejemplo: Sale nuestro hijo de la escuela, luego natación y más tarde un cumple. Llega a casa a la nochecita y llora porque quiere ver una película o comer algo que no se puede. El llanto termina en un berrinche generándose un caos en toda familia.
¿ Dónde empezó el caos? Ese niño no tuvo respiro. El día le pasó por arriba, como en el otro ejemplo el auto desorbitado. No hubo un adulto que parara, registrara que es un niño, que debe tener ratos de descansar, respirar, comer tranquilo y quizá seguir.
El llanto, si bien se desplaza en un pedido que no concuerda con la necesidad original porque como adultos tampoco la registramos, termina estallando o mejor dicho descomprimiendo la tensión de todo un día y pidiendo a la vez parar y descansar (necesidad original no respetada).
Sí, por otro lado, sumamos a este cuadro, el reto por o la penitencia por llorar o pedir una película o caramelos (pedidos desplazados) cuando en realidad era sueño, parar, llegar a casa; la actitud del adulto en ese caso va a generar más violencia en el niño.
El niño no puede poner en palabras esa necesidad original porque es responsabilidad del adulto. Pero cuando nadie registra nada y además se reta al niño por el berrinche, el niño ve que se lo está retando o poniendo en penitencia por una expresión desplazada de su deseo original.
El límite sería, parar a tiempo, ir a dormir, comer, mimos, etc.
Se reta o penitencia al niño cuando el no hace más que expresar algo que no le fue respetado: Sus cuidados, sus tiempos, sus necesidades.
Ni hablar de los niños que hoy en sus dobles jornadas en el colegio más otras actividades están llevando un ritmo de vida de una jornada laboral de un adulto.
Esto NO es gratis!!!
Sí, aprenderán inglés y serán eruditos pero con un stress tremendo, con síntomas y enfermedades de adultos que se ven cada vez en los niños como ser colesterol, ataques de pánico, trastornos de la alimentación y del sueño, etc.
2 y 3- La falta de coherencia, de autenticidad, de veracidad y el doble discurso tan habitual en nuestros tiempos es uno de los grandes generadores de violencia.
Vamos a un ejemplo muy típico y de todos los días: Un niño se cae, se golpea y el adulto que está al lado le dice: “¡No pasa nada!”. Si bien el ejemplo es básico pero me permite explicar sencillamente este punto y podríamos llevarlo a otras escenas de la vida de cada día también.
Un niño con más carácter llorará más fuerte, por qué, porque se cayó, le duele, o se raspó, se asustó, etc. PASÓ MUCHO NO NADA!
En su mundo pasó todo eso pero el adulto no traduce lo que pasó sino que tergiversa la situación y traduce otra cosa. Claro que esto causa enojo, bronca y más dolor.
El adulto es el responsable de poner palabras a lo que pasa y si no sé preguntar: Qué pasó? Te duele? Te asustaste? Qué necesitás? Mientras se lo contiene.
Sin menospreciar la escena de la caída llevemos esto a otras situaciones como problemas en el colegio entre amigos o con los maestros, enojos con los hermanos, problemas en casa, entre los padres.
Cómo reaccionamos si llega nuestra pareja con cara de gran preocupación y no nos comparte lo que le pasa, no comunica. Nuestra cabeza y nuestros sentir viajan por miles de situaciones posibles, sólo se tranquilizará cuando se ponen palabras a la situación. Así sean las palabras: “No sé que me pasa…”. Cuanto más un niño… que diariamente perciben todo su entorno y escenas de preocupación o enojos y nadie pone palabras.
Un adulto podría manejar la situación con su pareja, tiene otros recursos. Pero un niño necesita de las palabras verdaderas, genuinas y simples del adulto que traduce el mundo, así sea: “Estoy mal, no se que me pasa, no es con vos, pronto va a pasar, etc…”.
Siempre dar esperanza al niño que se está haciendo todo lo posible por estar mejor y que no estamos solos, que podemos pedir ayuda, agradecer lo que sí tenemos y seguir caminando con conciencia en el presente y esperanza en el futuro. De esto se trata la vida queridos amigos.
Lo que un niño de ninguna manera soporta es el doble discurso.
Si estoy enojado y pongo una sonrisa y digo no pasa nada… Ese niño percibe el alma del adulto y por otro lado un discurso que va totalmente en contra de lo que el ve. Esto genera muchísimo ruido y la tensión lleva al niño a liberar, quizá con un berrinche, la tensión del ambiente, o la tensión que hay entre la pareja o mismo cosas no dichas que generan tensión en la mamá el niño las percibe y estará inquieto hasta que se ponga luz y aclare o libere esa situación, sea poniendo en palabras, expresando desde la verdad, hablando con quien tengo que hablar, etc. Quizá no se resuelve el tema pero puse palabras, se ordena la cabecita del niño, hay calma en la tempestad como también la confianza que hay un adulto que registra y traduce lo que el propio niño, por el hecho de ser un niño, aún no tiene la capacidad de hacer.
Y más pertinente aún es citar el lema de Steiner:
“Todo aquello que por medio de mi trabajo se transforma en mi mismo, sana, nutre y libera al niño”.
Karina la mamá de Fran
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Tenemos un espacio dedicado a rompecabezas, juegos de encastre, letras, autos

Los chicos tienen a disposición un rincón de arte con temperas, pinceles, lápices y crayones para que puedan expresarse

La masa y las formitas tienen un lugar en nuestro espacio
Tenemos un rincón de peluches y muñecos a los que pueden vestir a gusto
Una mesa de snacks nutritivos, como frutas, pasas de uva, cuadraditos de avena, cereales, para que los chicos agarren su propia comida cuando tengan ganas
Cada espacio está preparado para los chicos, de esta manera, validamos su autonomía. Pueden jugar sin tener que pedirle al adulto lo que quieren.

















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